Hace tiempo decidí no decidir nada. He respetado mi desición casi neuróticamente. Cuando he estado tentada a decidir algo, mi decisión de permanecer sin fuerza decisiva ha ganado a la tentación.
A veces quisiera poder decidir algo nuevo, pero me he acostumbrado a cerrar los ojos y dejar que la indecisión marque la ruta de los hechos.
No decidir me ha causado terribles huecos, porque finalmente las cosas ocurren, decidamos o no, y mi falta de decisión decide los sucesos, generalmente, en contra mía.
lunes, octubre 23, 2006
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