Y bien, la navidad se acerca, presurosa, irrespetuosa de mi esfuerzo constante por sobrevivir a las nostalgias. Cuelgo girnaldas- y uno que otro suspiro despistado- en las paredes, preparo pastelillos que se pudrirán en la negrura de un horno sin familia y hago cartitas a un Niño Dios que sigue extraviado junto con mi infancia.
No es que no me guste la navidad, es que, simplemente, me cuesta demasiado trabajo no temblar y ponerme morada con los escalofríos de los recuerdos.
miércoles, noviembre 29, 2006
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