Hoy abrí los ojos y deseé ver nada, ver negrura, infinito, todo menos la sombra de mi ropero, las patas pomposas de un buró venido a menos, el sofá de una vieja historia que a penas comienza su agonía. Deseé no haber despertado, quise comprimir las pestañas, una contra otra en un afán iluso de alcanzar el limbo.
Ahora estoy aquí, en la oficina, despeinada pero con los labios pintados y el blazer bien puesto; me duele la cabeza de tantas ideas cubiertas de lama. Desearía estar en mi hogar, aunque mi hogar no exista en ningún rincón de mi casa.
martes, febrero 06, 2007
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