Existe cierta tendencia social por cuantificar lo incuantificable. Un "te quiero mucho" ¿implica la posibilidad de que en otro momento "te quise poco" o que quizá después "te querré menos"? ¿En qué momento el querer o el odiar o cualquier otro sentimiento se hizo susceptible de las matemáticas?
Nuestro propio lenguaje- maravilloso regalo de origen dudoso-, incluye en sí mismo vocablos que cubren las necesidades, no de cantidad, sino de fuerza, intensidad. Querer mucho se corresponde con amar. ¿Cuál es entonces la necesidad de agregar un adverbio cuantitativo a la palabra "querer" para decir de manera implícita que "amo"? En realidad no creo que esto involucre una conciente cuantificación del cariño, más bien creo que tiene que ver con la tácita limitación social para expresar las emociones. Así, en vez de aventurarnos a decir simplemente "te amo", utilizamos un eufemismo (los eufemismos protegen en su ambigüedad de reacciones a las que tememos) y decimos "te quiero mucho". El eufemismo conlleva cierto grado de deshonestidad. No hagamos a un sentimiento tan sublime como el amor ni un poco deshonesto. En vez de decir "te quiero mucho" digamos, sin miedos a las reacciones o los tabúes sociales, "te amo". Así de simple.
jueves, abril 10, 2008
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