He vivido mucho tiempo con el lente de mi perspectiva mal enfocado. El mundo me enseñó que el lente iba hacia adentro y yo, fiel a las enseñanzas, lo mantuve aferrado, regodéandome en las tristezas propias como si en realidad fuesen lo único que debiera importarme. No digo que esté mal mirar adentro, pero mi experiencia me enseñó que después de más de un cuarto de siglo de contemplar la angustia personal, se crea cierta adicción al sufrimiento, la autotortura e, inevitablemente, la desgracia absoluta. Contemplando el dolor no se encuentra la cura; mucho menos cuando no tengo un doctorado en espíritus tortuosos.
Un día, por coincidencia, por hartazgo, quizá por toparme con el primer consejo puramente dirigido a mí misma, volteé el lente. Lo dirigí a la gente que andaba al rededor, a la gente que andaba demasiado lejos, a la gente que jamás conocí o que aún no conocía; lo dirigí hacia el planeta, hacia la tierra, la superficie y la hondura, hacia el infinito espacio más allá de mi propio campo de contemplación. Volví a los libros y leí en ellos lo que se me había escapado toda la vida; esuché y comprendí la parcial sordera en que trascurrí tanto tiempo.
No es que sea mejor ahora, simplemente ahora vivo más, porque la vida es incomprensible e inapreciable si solamente se enfoca una parte tan diminuta como lo es el "yo".
martes, abril 08, 2008
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2 comentarios:
gracias por pasarte, me gustó tu estilo, una madurez sofisticada y un vocabulario rico y bien empleado siempre me apetecen a la hora de andar leyendo por ahi
SALUDOS GRANDESS
Gracias, seas bienvenido al kaos siempre que gustes.
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