Al parecer el gobierno decidió que para afrontar la inseguridad, lo que necesita el país es un ejército con carta libre para andar por las calles, "indagar" posibles crímenes, catear propiedad privada y decidir a punta de metralleta quién tiene derecho a hablar y quién se calla.
En Michoacán estallan granadas entre una multitud congregada para celebrar la independencia de México, las cadenas de la opresión desbaratadas a manos de Hidalgo... vuela la gente en pedazos, hay sangre, heridos, vítores silenciados por el estrépito de la muerte y el terror. Cadáveres sin cabezas brotan como hierbabuena entre los Estados; aparecen cuerpos con un tiro de gracia suspendiendo su último gesto para aterrorizar a las futuras generaciones; en un punto no lejano a tu propia casa hay debate de balas. A unas pocas calles una adolescente violada, un hombre degollado por resistirse a donar su cartera, una familia acribillada por un mal pago de favores políticos... Todo está revuelto, el mundo se enfrasca en un individualismo mal entendido que sólo lleva al desinterés por el otro, a la búsqueda egoísta del bien propio sin importar cuántas cabezas se tengan que cercenar. Un presidente se proclama mesías de la nación identificando al "único y verdadero" enemigo del país, causante de todos nuestros males: el narcotráfico, con una política de más armas para abatir la violencia (absurdo). Atajar sin razonar el problema de fondo, (¿legalización?, ha funcionado en países de primer mundo...), encarcelar y condenar sin revisar que un hombre robó a otro porque su salario mínimo de mil quinientos pesos mensuales no bastan para alimentar a una familia. Todo está revuelto, pero mientras la granada no explote directamente en nuestra cara, en realidad no hay problema.
viernes, septiembre 19, 2008
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