Por las noches la televisión abierta se satura de infomerciales orientados a promocionar artículos "maravillosos" que remediarán los agobios, complejos y deseos de las personas. Fórmulas mágicas que, sin esfuerzo, proporcionarán una mejora en la situación particular del consumidor. Así, bajar de peso es cuestión de untarse una pomada; cocinar platillos de estándares profesionales se logra oprimiendo un botón y el camino a la juventud eterna está en un vaso de jugo de plantas exóticas.
Los medios de comunicación suelen ser medios de engaño, creadores de necesidades al por mayor, acompañadas con sus respectivas soluciones con costos monetarios. Las personas cada vez tienen más carencias, porque el mercado es cada vez más amplio. Ahora resulta que, incluso, se ofertan remedios espirituales... sí, aunque suene absurdo. Anoche me topé con un comercial que ofrecía algo fuera de serie: El proveedor era un sacerdote; el producto, una imagen digital de la Virgen de Guadalupe, tomada directamente de la Tilma de Juan Diego; el incentivo, que las oraciones dirigidas a esa imagen (por ser fidedigna de la Tilma) serían mejor escuchadas; el premio extra por la compra, que venía acompañada de un certificado del Vaticano aseverando que había sido bendecida por Juan Pablo II.
¿Y cómo es posible dicha bendición, si el susodicho falleció hace varios años? No hay nada que se les escape a estos comerciantes: en su visita de 1999 a México, el mencionado Papa bendijo el "archivo digital" donde estaba esa fotografía. Así, cualquier reimpresión contará con el aval divino. ¿Qué tal?
Así que todos aquellos que hagan sus oraciones frente a cualquier estampita de la Virgen de Guadalupe, tendrán que esperar que la morena atienda primero los rezos de aquellos que pagaron un buen billete para tener la imagen única y original... Después de ver eso, sólo me queda repetirme que soy afortunada de no ser religiosa.
Hice algo de coraje al corroborar por unmillonésima vez la mala calidad de las políticas de tele comunicaciones, la tibieza de la PROFECO, la mundanidad de algunas religiones (que proclaman el espíritu), y después me reí.
Por cierto, el asunto de la Compañía de Danza Clásica de Jalisco, sigue dando de qué hablar. Los que no dicen ni pío son las autoridades, esperando que la gente simplemente se enfade y se le olvide. Habrá que ver qué opina el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

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