"Importar en vez de producir", ese parece ser el lema de nuestro gobierno. Vemos en la tele al Gobernador Emilio González, con aquellos aires de optimismo hablando del futuro de nuestro estado y las múltiples acciones que desarrollan las autoridades para impulsar a su gente al éxito... cosas que dan gusto, de verdad, hasta que nos damos cuenta que de fanfarronadas no pasan. Aquí en Jalisco hay que picar piedra para sobresalir y, sobre todo, en áreas de tan poca estimación como las artes.
Es cierto y fácil de comprobar; pensemos en cuántos artistas conocemos (artistas de arte, no de showbussines), cuántos verdaderos apasionados realizadores de pintura, literatura, danza, música, teatro, escultura... y cuántos de ellos trabajan en una oficina, una fábrica, un restaurante para poder financiar su pasión por el arte. Poquísimos, de verdad mínimos son aquellos que pueden dedicarse por completo a desenvolverse como artistas, consiguiendo un digno sustento de ello.
Pues para los bailarines de nuestro ilustre estado, parecía haber una posibilidad. He conocido a muchos dedicados a la danza que han emigrado en busca de una oportunidad, porque aquí en casa, ser bailarín es ser ocioso.
Hace tiempo escuché a funcionarios hablar de un proyecto verdaderamente interesante: una Compañía Estatal de Danza, sí, un grupo profesional que daría trabajo a la comunidad dancística del estado. Ese era el proyecto, pero pasó el tiempo y, en manos del Arq. Cravioto Lebrija, el proyecto se desvirtuó.
Se abrió una convocatoria para todos los bailarines del mundo, y no como una expresión de hermandad y rechazo a las frontera, sino como un acto de mero menosprecio al talento de la gente local. No es de asombrarnos que prefieran rellenar la nómina de la Compañía con gente experta, bailarines que han estado empleados ya en otras compañías del mundo y que no requieran tanto "esfuerzo" de los directores para brillar en el escenario y comenzar a chorrear dinero.
Slauka Ladewing, una gran bailarina, tapatía pero que emigró hace mucho al D.F y se convirtió en primera bailarina de la compañía Nacional de danza, decidió venirse para acá a prolongar su imperio curiosamente después de que su marido fue despedido como director de la mentada compañía por cositas oscuras que no me toca a mí mencionar... no dudo que si ya la Ladewing se viene a bailar acá, poco tardarán en retacar a su marido como director a pesar de esas cosillas oscuras que no quiero seguir aludiendo. En fin, Slauka es jalisciense, sí, pero caray, ella ya había logrado un puesto, un reconocimiento en la danza, había triunfado en la Nacional. Muchísimos bailarines conocidos míos han soñado con hacer eso, emigrar y entrar a la Nacional, pero generalmente sus condiciones socioeconómicas han obstaculizado el sueño; ahora que había posibilidad de trabajar en lo que más aman: la danza, y ser remunerados por ello, en su propia ciudad, su propio estado, pues resultó ser falacia.
Ya no quiero extenderme más; estas majaderías del gobierno me enferman. Las autoridades no confían en la capacidad de su gente, la hicieron a un lado; en vez de dedicarles tiempo, darles entrenamiento intenso, desarrollar su potencial, mejor se fueron a la segura convocando a bailarines super expertos. La lana de Jalisco va a pagar el sueldo de una abrumadora mayoría de bailarines fuereños, mientras nuestra gente seguirá picando piedra, porque no les quisieron dar chance de demostrar que si les dan tiempo, pueden estar a la altura de cualquier otro bailarín del mundo. Bien por Cravioto, se le agradece la confianza...
jueves, octubre 09, 2008
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