
Señoras y señores, estamos enfermos. Y no me limito a hablar de influenza, dengue y paludismo -que se asoma ya en las estadísticas de la Secretaría de Salud-. La peor enfermedad que nos aqueja, y la califico como "peor" porque se convierte en arista para conjugar infinitas líneas hacia inconmensurables destinos es: LA IGNORANCIA.
Este terrible mal hace que la gente calle mientras otros abusan; hace que se sienta culpable por las culpas de otros; que se rechace, margine, discrimine y hasta destruya al que es distinto o piensa distinto (maldita intolerancia); que se aferre y se force a adopar esquemas de conducta gastados o ineficaces solo por corresponder a cierta ideología o porque se carece de parámetros para formar una ideología propia; que se impida el progreso; que se devasten los recursos naturales (como si tiviéramos otro planeta de reserva para cuando nos hayamos acabado este); que se confunda la ética y la moral con la religión; que se sobaje a otros por considerarse superior (esto generalmente en relación con las posesiones materiales); hace que se paguen diezmos por "premios" de dudoso beneficio en una utopía post-mortem de quien nadie tiene certezas pero, sobre todo, sobre cuyos derechos (en caso de existir) nadie tiene "palancas" (no señores, ni el Papa, ni los Ayatolás, ni los chamanes ni menos el Cardenal Sandoval tienen pases especiales que puedan revender a cambio de limosnitas, donativos, favores o sumisión). En fin, la IGNORANCIA es el germen de tantos males, que resulta imposible ennumerar siquiera una mínima fracción de ellos.
Esta enfermedad NO es congénita, es adquirida, pero es tan contagiosa que los niños, desde pequeños, se infectan y, por desgracia, pocos son los que logran curarse. ¿Y la vacuna, el remedio, la medicina? Sí, señoras y señores, sí hay solución: EDUCACIÓN, en dosis constantes, porque el ser humano no es inamovible e inmutable y en cuanto siga respirando, requiere de educación, continua y perpetua. Claro que la educación no es cosa sencilla (estamos hablando de la cura a la peor enfermedad del mundo, ¡claro que no es fácil!). La EDUCACIÓN va mucho más allá de dar las gracias, pedir por favor y no tirarse gases a la mesa... Andar en la calle y observar, meditar, reflexionar, es educarse; leer, analizar y cuestionar lo que se lee, estructurar juicios (sustentados), edificar hipótesis, hacer planteamientos, es educarse; aprender (no solo saberse de "machetito" lecciones que ni se entienden pero que dejó el profe de tarea), es educarse; respetar las opiniones de otros, formar opiniones propias y convivir con la pluralidad, es estar educado. El conocimiento es parte fundamental del proceso educativo, las ciencias, exactas y humanas, son indispensables para funcionar en el mundo.
Hay quienes entienden todo lo anterior y tratan de medicarse para sanar la igonorancia que la misma sociedad, la tradición y X cantidad de factores nos contagia, pero tantos más simplemente permanecen y, otros, no conformes, se empeñan en agravar la enfermedad propia y de los que le rodean.
En este grande mundo (que en escala universal es un suspiro) hay gobiernos que le apuestan a la educación (la parte que corresponde a las aulas y la formación profesional) porque se han percatado que, a largo plazo, sólo el conocimiento puede sustentar y desarrollar a una nación; y hay otros que prefieren apostarle a otros rubros (propaganda de que todo está muy bien -a ver si de tanto verla nos la creemos-, violencia sin estrategia, vacaciones pagadas para todo el órgano gubernamental....mejor ni me meto porque me provoca náuseas).
Justamente en nuestro querido México, estamos REPROBADOS en educación básica por los organismos de evaluación internacional... ni qué decir de la educación superior. ¿Y en la parte que se refiere a valores, a capacidad analítica, blablabla (todo lo que mencioné antes y mucho más que ojalá fuera susceptible de deducirse por cualquiera) ? Siento náuseas....
Pero vamos, que es muy cómodo quedarse estúpidos, dejar que la enfermedad progrese y carcoma la voluntad, el juicio, la memoria, la ética y todo lo que pueda haber en el ser humano de sublime (azotes en la espalda y retórica religiosa no dan divinidad).
El Gobierno Federal recorta presupuesto a las universidades públicas (hay que ahorrar pero no le podemos rebajar nada a los cientos de miles de pesos de los sueldos de los magistrados, diputados, senadores, prestanombres....). En Guanajuato se compran libros (con dinero público, claro) de "Biología" donde se pregona que la píldora del día siguiente provoca cáncer, que la única forma "bien" de controlar la natalidad es la abstinencia hasta el matrimonio (si no es con la bendición de un cura no vale, eh!?), donde se condena la masturbación (no es natural aunque todos los primates lo hagan, es egoísta) y se enaltece la virginidad tildándola de "tesoro"; donde se discrimina la homosexualidad o la bisexualidad o cualquier otra preferencia porque no encaja con el en esquema puritano de un sector... y una cantidad más de omisiones y aberraciones que pretenden meterles en la cabeza a los niños de Guanajuato y, a más largo plazo a todos los niños de la República (no es broma, quieren proponerlo para que todos nos vayamos a su cielo- parcial, represor y criminalizante como ellos, de seguro-).
Algunos se quejaron, se sintieron ofendidos ante tan ruin manipulación de la información científica y, finalmente se logró que se retiren de las aulas los "santos" libros de texto...hasta el 2010. Según ellos, hubo un error administrativo y por eso se mandaron a hacer estos libros y se repartieron sin el visto bueno de la SEP y sin pedirle permiso a nadie; ¿sancionados por la medida arbitraria? claro que no, aunque se gastaron dinero del erario.
Esta entrada ya se alargó demasiado, aunque el tema es inagotable. La IGNORANCIA nos está matando, señoras y señores, y necesitamos comenzar a sanar, dar medicina a las nuevas generaciones, enseñarles a valorar, reflexionar, opinar, tolerar, exigir, dar... ya basta de hacernos los estúpidos y dejar que hagan estúpidos a nuestros hijos. Es momento de asumir la parte de la solución que nos corresponde a nosotros y exigir la parte que le corresponde a otros.

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